MIGRANTES


Elmer Andrés Bardales

Honduras / 4 hijos

Cuando llegamos a Tierra Blanca la patrona nos dijo que aquí estaba este grupo que nos podía dar comida, y que más adelante había peligro. No traemos dinero para pagar una cuota que dicen que hay que pagarla, por eso decidimos bajarnos del tren, porque aquí hay donde dormir.
Yo salí el 4 de enero de 2016 de Honduras. Llevo veinte días de caminar; he agarrado el tren y me han pegado cinco corretizas: militares, migración, la marina. Hemos corrido tres horas, ellos detrás de nosotros, los hemos evadido gracias a Dios. Veníamos cuatro de Honduras, veníamos con los pies enllagados. Un primo me dice: “mira regresémonos porque no vas a aguantar, llevas los pies golpeados”. Pero yo hago el sacrificio por mis hijos. Le pido a Dios que estos lugares [refiriéndose al centro de ayuda de Las Patronas] siempre tengan donde refugiar a montones de los que vienen.
Hacía unos tres años atrás yo trabajé con una persona que jala gente: con un coyote. Yo trabajaba en la agricultura en una hacienda. Le dije: “Compa, por qué no me hace un favor y me ayuda a llegar a Estados Unidos para hacerle una mejor vivienda a mis hijos”. Me dijo: “Yo te pago tu sueldo y te cobro 7,000 dólares. Y si tú quieres llévate a tu hijo”, pero viendo el camino nunca haría eso.
Aquí en Tierra Blanca veníamos tomando el tren. Había también una muchacha embarazada. Yo tomé el tren; de pronto alguien la tomó para quererla levantar. Sólo vi que, al mismo tiempo que la levantó, ella iba hacia dentro del tren; sólo pedí a Dios y luego la jaló para afuera, sino ahí la hubiera matado el tren o le hubiera cortado las piernas.
Solamente le pido a Dios tener una oportunidad en Estados Unidos dos años y luego volver. Ése es mi sueño, para hacer una casita. Es todo lo que le pido, porque mi mamá ya murió. Solamente tengo a mi papá, tiene 78 años. Con mis hermanos éramos diez, ya murieron tres porque casi toda la familia es diabética y eso también me asusta. Sólo pido dos años para regresar con mis hijos.

Elmer

José Adonay Reyes

Honduras / 40 años

Nuestra situación es dura en este país, pero con la ayuda de la madre aquí las cosas se pueden mejorar. Si nosotros nos hubiéramos ido en ese tren con la lluvia que había, quién sabe dónde estaríamos nosotros ahorita. Entonces, mientras acá tenemos el apoyo de la dormida y la comida; es excelente. Nos sentimos bien porque somos una familia, no importa el país de donde vengamos.
Mi nombre es José Adonay Reyes. Yo soy de Honduras, tengo cuarenta años. Decidí venirme para acá, para el norte, porque la situación en nuestro país es muy mala por la delincuencia y la pobreza. Yo tengo a mis padres vivos y a mis hijos, quiero ayudarle a ellos y buscar un mejor futuro. La delincuencia en nuestro país no nos deja. Buscamos ir para el norte porque trabajar allá un mes significa 22,000 pesos y entonces ya puedes ayudar a la familia, ahorrar un dinero para construir una casita, para vivir mejor. Esa es la idea de uno para aventurarse a vivir acá.
Sabemos que tanto las autoridades como los civiles molestan aquí. Los garroteros han dañado a mucha gente; gente que no les está haciendo nada, sólo quieren pasar. Queremos pasar a Estado Unidos para trabajar, no sé por qué a veces se lo agarran a molestar a uno.
A veces nos tiramos a caminar porque en el tren hacen mucho retén de migración. Uno se dedica mejor a caminar, pues es más seguro. Gracias a Dios que en esta casa nos apoyan. De las casas en las que yo he estado están en San Luis Potosí y en Veracruz. Hay muchas casas pero el trato nunca es como aquí. El trato y el apoyo es excelente.
Yo tengo ya dos años por aquí. Yo estaba en Palenque, ya llevo 17 días caminando. Desde que salí de allá me vine caminando hasta un lugar donde íbamos a agarrar el tren, un lugar que le llaman La Unión, pero ahí venían como 200 personas. Al tren le hicieron un retén fuerte de migración, entonces nosotros decidimos venirnos caminando. Caminamos hasta La Gloria, el siguiente día agarramos el tren un ratito y de ahí nos volvimos a bajar otra vez porque nos dijeron que había un retén más adelante. Y así hemos venido caminando. La mayoría lo he hecho yo solo caminando. Llevamos diez días caminando de Palenque hasta acá sin parar y durmiendo en el monte, o algunos días en un corredor, pero no aguantas el frío y el hambre.
Tengo un hijo de veintiún años en Estados Unidos allá. Yo le digo: “no hijo, tú has lo tuyo para que construyas tu casita y formes tu familia; que cuando tú tengas una mujer tengas un lugar a dónde llevarla, algo que ofrecerle a tus hijos”. Lo aconsejo, no me gusta molestarlo para que mande dinero, no me gusta. Yo sé que lo voy a lograr. Pido oraciones para que me ponga gente buena en mi camino. Yo he vivido lo mismo que mis compañeros, el maltrato de las otras personas, gente de las autoridades que van y te revisan, te roban tu dinero, y cómo te opones si te amenazan de que te van a llevar a migración, que te van a meter al bote. ¿Qué vas a hacer? No puedes hacer nada, más que esperar lo bueno. La tempestad tiene que pasar.

Jose_A

 

Manuel Alberto Díaz Alvarado

Honduras /24 años

Venimos por tren y venimos caminando mucho también porque los de migración nos tiran del tren. Gracias a Dios las madres de este albergue, una casa del migrante, nos ayudan bastante porque nos dan dónde dormir, nos dan comida, ropa, zapatos y se portan como si fueran nuestras madres en este camino que hacemos solos.
La policía molesta, mucha gente molesta y lo marginan a uno sólo por ser migrante. Piensan que todos andamos haciendo cosas malas, pero todo lo contrario. Si podemos hacerle un favor a alguien lo hacemos. Hay gente que lo mira a uno como si no valiéramos nada y si salimos de nuestro país es por la situación que estamos cruzando todos económicamente. Vamos todos con intención de llegar a Estado Unidos para ayudar a nuestras familias; no es fácil para nosotros dejar allá a la familia en Honduras.
Con fe en Dios vamos a llegar a Estados Unidos, pero como para algunos se les puede hacer el sueño americano, para otros el sueño se convierte en pesadilla. A algunos les mutilan los pies, otros pierden la vida, secuestros por otro lado. Este camino es duro, pero después del sacrificio viene la recompensa. Primeramente Dios, todo va a salir bien. Quisiera pedirle a las autoridades que no lo traten a uno de esa manera, todos tenemos derechos, pero lo tratan a uno como si no valiera nada. Todo lo contrario, en este mundo todos somos iguales.
Mi plan es seguir para adelante, porque México lo utiliza uno sólo para pasar, no es que nos vamos a quedar aquí. Tal vez nos quedamos dos o tres días en el albergue y seguimos nuestro camino para adelante. La meta de uno es llegar a Estado Unidos. México sólo es para pasar, pero no sé por qué mucha gente lo trata así a uno.
He dejado en mi país a mi madre, a mis hermanos y a mi padre. Gracias a Dios todos están bien por ahorita. Vamos luchando por ellos. Ellos no quieren que uno salga para acá porque allá también se mira la violencia de aquí, en México, pero uno viene por un mejor futuro.

Manuel

LAS PATRONAS

 


Norma Romero Vásquez

Coordinadora grupo Las Patronas

Me llamo Norma Romero Vásquez, soy la coordinadora del grupo de las patronas. Mi labor consiste en buscar el apoyo en especie, ver lo de la ropa, o lo que falta en el comedor para poder seguir con la labor que tenemos. Y después, bueno, dar apoyo a los migrantes, darle seguimiento cuando tienen algún problema, en caso de salud, en caso de denuncia se les da el acompañamiento, y soy la que estoy apoyándolos, caminando con ellos. Son varias actividades, soy parte de la gente que va a dar las pláticas en las universidades, y bueno son varias cosas las que hago en el trabajo de ayuda humanitaria. Participo en diplomados que mi invitan para estar más informada y ahora doy seguimiento en apoyo a visas humanitarias cuando son lastimados por el tren, se les da seguimiento a la denuncia y a la visa humanitaria para que ellos puedan obtenerla.
No solo es dar de comer, sino ver otras cosas dentro de la comunidad, porque me interesa ver la situación general de la comunidad. Lo importante es no solo apoyar a los migrantes centroamericanos sino también ver las necesidades que existen en la comunidad, voltear a ver los chavos que no cuentan con una beca, no tienen trabajo, hay muy poco deporte, ver que se puede hacer con ellos. También tenemos el programa de las escuelitas y bueno entonces aquí estamos tocando puertas y viendo de qué manera se puede ayudar, porque nos interesa mucho la educación de los niños y jóvenes. Queremos que se prepararen porque sabemos la situación y muchos de ellos se pierden en vicios y alcohol, y lamentablemente la situación los orilla a meterse en cuestiones que después se arrepienten y a veces es demasiado tarde.
Nuestra preocupación es esa, ayudar a la comunidad y ver que con ayuda de la gente que nos visita y con las universidades con las que estamos participando podamos sacar adelante estos proyectos. Hay muchas cosas en la cabeza pero necesitamos un financiamiento. Yo espero que así como hasta ahora nos han apoyado llevemos a cabo eso. Tenemos proyectos como una biblioteca para la comunidad, estamos tocando puertas para sacarlo adelante. Así como los migrantes tienen sueños nosotras las patronas también tenemos sueños de mejorar nuestra comunidad.
Yo creo que ha habido cambios respecto al inicio, no conocíamos el tema de la migración, ignorábamos lo que estaba sucediendo. Hoy en día hemos avanzado mucho en que la gente se ha sumado y se ha solidarizado con los migrantes, ya no hay tanta discriminación de parte de la sociedad, hemos participado en foros donde queremos que la gente se involucre, que la sociedad civil conozca quienes son ellos porque está viajando de esa manera, y sobretodo que se den el tiempo de ayudar. Nos interesa mucho que la gente vea que con poquito se puede hacer un gran cambio, a través de estos 21 años de servicio no solo ha cambiado la manera de pensar de la gente, sino que además hemos cambiado nosotros como mujeres, tenemos más conocimiento sobre las leyes de migración, sabemos cómo podemos defender a los migrantes, nos hemos dado cuenta que podemos ayudar a otras comunidades. Sabemos que esto cuesta, es tiempo, porque a veces tenemos que dejar nuestra familias, pero bueno es lo que yo siempre he dicho, si queremos hacer un cambio tenemos que empezar por nuestra casa para hacerlo allá afuera.

Norma


María Antonia Romero Vásquez

Integrante del grupo de Las Patronas

Yo soy María Antonia Romero Vásquez, soy integrante del grupo de las patronas.
Esto se comenzó desde 1995 con poquito, con 2 kilos de arroz y dos kilos de frijol. Hay mucha gente que vive al pie de vía del tren pero no pensaba en ayudar, no más veían que pasaba el tren y veían que pasaba poca gente, porque al principio solo pasan 15 en cada tren. Y pues la gente veía que subía el tren y traía gente arriba, y nosotros nos preguntábamos ¿esa gente porque se sube al tren? A lo mejor traen hambre. Hasta que un día llego una casualidad, una mañana mi mama mando a mis hermanas a traer el mandado, una hermana mía y la mayor fueron a traer el pan y la leche, ya venían de la tienda y se quedaron al pie de la vía porque no lograron cruzar al otro lado, entonces vieron que paso un vagón y traía gente, ellas se quedaron mirando y la gente les empezó a gritar que traían hambre. Luego al pasar el tercer vagón una dio la leche y la otra dio el pan.

Luego cuando llegaron a la casa, ellas pensaron que mi mama las iba a regañar porque habían dado el desayuno de nosotros. Cuando llegaron, mi mama estaba echando unas tortillas y le dijeron: ama, ¿no oyó usted que pasó el tren? Y mi mama les respondió: ¿por qué taren esa cara, que les paso? Pues venia el tren y traía una gente agarrada en los vagones y nos decían que traían hambre, entonces nosotros les dimos lo del desayuno. Entonces mi mama les dijo: no mijas ustedes hicieron bien, esa gente quien sabe cuánto tiempo llevan en ese tren y traen hambre, hicieron bien mijas.

Entonces mi mama después de ese día se quedó pensando en una idea, de que hacer, porque pues quien sabe cuánto tiempo llevaba esa gente en el tren, sin comer, y hace cuento tiempo salieron de sus países. Entonces mi mama comenzó con su idea, eso fue hace 20 años. Una tarde se reunió con las mayores y les dijo: saben que, vamos a comenzar a hacer unos lonches para darle a esa gente. Desde ahí empezó todo, al otro día mi mama entusiasmada se fue a comprar unas bolsas, y las hijas mayores comenzaron a hacer la comida, una preparo frijoles y la otra preparo el arroz. Cuando mi mama llego, ya la comida estaba lista, entonces nos dijo: bueno hijas, vamos a empezar a empacar, el tren esta por pasar entre 11 y 12. Con un entusiasmo, preparamos unos 20 lonches en aquella primera vez. Salimos y comenzamos a repartir los lonches, pero pues a mi mama se le quedo un nudo en la garganta, porque esos lonches no alcanzaron, pues ya comenzaban a subir entre unas 30 o 40 gentes en el tren. Algunos de ellos le gritaban: ¡hay abuelita que dios le bendiga!

Al otro día las mayores nos dijeron, bueno entonces que hacemos porque esos lonches no alcanzaron. Entonces mi mama les dijo: vamos a hacer esto, voy a ir a traer unos quelites para que salgan otros lonchesitos. Cuando llego mi mama con el costal, lavamos los quelites, pusimos una cacerola grande con aceite, echamos una cebolla a la mitad y picamos los quelites en dos pedazos. Entonces ya con eso aumentamos los lonches, unos con quelites, frijoles y tortillas, y otros con arroz.

Yo soy casada y tengo 4 hijos, mi esposo trabaja y al principio él no sabía que yo estaba haciendo esto, hasta que llegó un momento en que él me empezó a preguntar, bueno mija, ya fuiste ayer a ver a tu mama, y ahora vas a volver. Hasta que bueno, un día mi hermana Bernarda me dijo que llevara a mis hijas de 11 años a ayudarles a empacar los lonches, a llenar botellas de agua, y a embolsar arroz y frijol. Pues así comenzó, mis hijas empezaron a ayudar y cuando llegaban a la casa, yo les preguntaba, hijas ¿porque llegan trstiando?, ¿qué les paso? Entonces ellas me decían: hay ama, es que subieron los trenes bien llenos y llevaban harta gente, y hasta llevaban niños sin una cobija. Entonces eso las motivó a seguir ayudando y ya cuando llegaban de la escuela se iban a ayudar a las tías y así fue como ellas se fueron enamorando de esa labor. Y ya después yo también entre, porque como yo las llevaba esto también me fue motivando a ayudar, porque yo también sufrí una experiencia en ese tren.

Una vez salimos a dar y venia rezumbando el tren, porque cuando pasa eso significa que viene con mucha gente, y los trenes anteriores subían hasta con 800 y 600 gentes. La madre de Tierra Blanca nos mandaba mensajes: ¡agárrense mujeres porque ya llego otro tren con otras 500 gentes!, y lo que hacíamos 20 kilos de frijol y 20 kilos de arroz se iban en un solo tren. Ahora el flujo de migrantes ha bajado mucho, por las nuevas reformas de migración y además porque ahora les cobran mucho, como 100 dólares en cada estación.Entonces ellos dicen: bueno, salimos de nuestro país porque no tenemos dinero, y ahí no os dejan subir al tren, al tren nos dejan subir si pagamos, y si nos subimos sin pagar nos avientan, sea mujer o sea hombre nos avientan.

Maria_Antonia


Julia Ramírez

Integrante del grupo de Las Patronas

Mi nombre es Julia Ramírez y soy una del grupo de las patronas. Llevo como 15 años de estar aquí y cada quien tiene su día, cada quien se hace responsable de hacer su comida el día que le toca. Lo que es lunes miércoles y sábado se va a traer el pan a Chedraui para los migrantes. Yo estoy todos los días de cajón, porque aunque tenemos repartidos los días pues también le hecho a mano a mis compañeras, porque luego a veces nos llega el tren lleno. Entre todas nos apoyamos para llevar la comida. Nosotros hablamos a Tierra Blanca para saber cuántos migrantes tienen en el albergue. Cuando ellos nos dicen por ejemplo que son 30 o 40, nosotros les multiplicamos la otra mitad, porque luego en las vías se quedan más y no todos entran al albergue porque están esperando al tren. Y así es como nosotros sabemos para preparar la cantidad de comida necesaria.

El tren sale a las 2 pm, aquí pasa a las 5 pm, pasa entre uno y tres trenes al día. El primero siempre está más lleno como 100 personas y ya el segundo 30 y el tercero ya 15 más o menos. Y así es como nosotros nos organizamos y como sabemos que cantidad de gente viene. Yo trabajo desde las 10:30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Nosotros nos preparamos cada año con las madres hondureñas que buscan sus hijos desaparecidos, aquí se les da el hospedaje y la comida para que ellas puedan seguir con su viaje.

Yo inicie porque un chavo me movió el corazón. Fue un domingo cuando llego el tren, y llego un chavo de 16 años entro al patio y yo salí y me dijo: madre regáleme un taco tengo mucha hambre llevo tres días sin comer. Entonces yo sentía feo, así que le prepare una comida y se la di. Lugo el me pidió el favor que le diera la bendición, yo se la di y lo abrace, y luego el me agradeció porque ya no se sentía tan solo. En ese momento cuando él me dijo eso, yo sentía que era mi hijo, porque mi hijo también estaba chico y eso me rompió el corazón.

Norma me conoció y me dijo: mira Julia tengo un grupo allá arriba, si quieres entrar, entre y te vamos a dar un día para que hagas la comida. Anteriormente eran 20 kilos de arroz, pero yo solo estaba acostumbrada a hacer un poco para mi familia y pensé que no iba a poder. Sin embargo, lo logre, cocinábamos fuera, agarrábamos dos ladrillos y cocinábamos con leña. Luego me enseñaron a tirar la comida, porque el tren no para, solo el maquinista rebaja la velocidad, a veces los migrantes se bajan y van hasta donde estamos nosotros y van agarrando el lonche.

La felicidad y gratitud que recibimos de los migrantes nos llena para seguir trabajando. El tren no tiene hora, a veces pasa en la mañana y otras veces en la tarde. A veces viene gente como ustedes, nos dan donaciones en especie como ropa, comida, medicamentos, mochilas, botellas vacías y agua. Por algunos documentales que han hecho, nosotros nos dimos a conocer en varias partes y por eso mucha gente nos viene a visitar. Entonces se guisa tres veces al día y se empaca y aquí estamos todo el día, los 365 días del año.

Los migrantes siempre salen por necesidad de sus países y no lo hacen por gusto. Anteriormente viajaba puro hombre, pero ahora viajan mujeres embarazadas, bebes y niños. Y gracias a Dios todos los migrantes que han venido aquí al albergue se van muy contentos, nos dicen que se sienten como en sus casas, algunos que llegan a Estados Unidos nos llaman y se acuerdan de nosotros. Desde tierra blanca les dicen a los migrantes que en las patronas les van a dar los lonches, así que ellos ya vienen avisados, por eso nosotros nos preparamos todos los días, venga a no venga tren siempre estamos listas. Muchos nos conocen por documentales, a veces como Norma dan platicas en las escuelas, universidades o donde la llamen. Me sorprende porque, ¿nosotros quiénes somos?, simplemente unas señoras de ranchería. Y pues cuando me toco ir al albergue de Saltillo, nunca pensé yo que iba a tener sueños que se hicieran realidad, nunca imagine que fuera a viajar y que fuera a llegar tan lejos con esta labor.



 

 

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